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Un día. 50.000 camellos.

24 horas en la feria de camellos más grande del mundo

Un día. 50.000 camellos.

Durante el mes sagrado de Kartik, los devotos bajan a la ciudad de Pushkar en Rayasán, que se dice es el lugar donde el dios Brahma tiró una flor de loto y se formó un lago alrededor del cual se construyó la ciudad. Decenas de miles de creyentes van a bañarse al lago Pushkar, cada día más a medida que se aproxima la luna llena, que es el día más sagrado.

Al mismo tiempo, los turistas bajan a la ciudad para la feria de camellos de Pushkar, un evento simultáneo que es una de las ferias de ganado más grandes del mundo. Si llegas temprano puedes ver llevar los camellos en cadena en el horizonte, decenas de miles. Se forman asentamientos de tiendas alrededor del predio para los criadores y sus familias. Hay una arena para los eventos que se realizan durante toda la semana y varias ruedas gigantes. A lo largo de las polvorientas calles que llevan hacia Pushkar se montan tiendas que venden artículos diversos, desde precioso cachemir hasta adornos de camellos.

El movimiento sagrado de más 50.000 bañistas se agrega al exótico espectáculo de los 50.000 camellos, y durante dos semanas Pushkar alberga cerca de 200.000 personas. Así es uno de mis días en la feria de este año.

 

 

 

Los devotos hindúes llevan al lago al amanecer, mientras la ciudad se tiñe del cálido color naranja al salir el sol. Hay 52 ghats para bañarse en Pushkar, y si bien no se permite fotografiar a los bañistas, es imposible tomar una foto de la ciudad sin que salga alguno.

 

 

 

A las 6:30 a.m., los fotógrafos visitantes salen a capturar la luz de la mañana. Veo rótulos de Nat Geo, grandes sesiones de fotos con asistentes y más objetivos \"codiciados\" y zooms grandes como mamuts que en una convención de Canon. Muchos de los criadores intentan esquivar las cámaras mientras intentan realizar su trabajo matutino. Decido apuntar solo a los camellos hasta que pueda robar una sonrisa de algún criador.

 

 

 

Funciona. No solo me las ingenio para hacer reír a estos dos, al reírme solo cuando piso bosta de camello, y cuando terminan de cabecear, inmediatamente me piden que les tome una foto con un camello premiado.

 

 

 

Y como si nada me invitan a desayunar chai. Mayormente dejaba mi cámara y disfrutaba de la vista del arranque de las ferias, sentado junto al calor del fuego, comiendo chapati recién asado, bebiendo mi chai e increpado por mis tatuajes.

 

 

 

La compra venta de camellos es el propósito principal de la feria. Los criadores, o sea todos los hombres, se escabullen entre los camellos, controlan las pesuñas, el paso, los dientes. Qué trueque hacen, no sé, pero te cautiva mirar.

 

 

 

Este hombre decide cómo se siente con este camello en particular. El animal tiene un pie lastimado, pero es recién nacido, en su pleno potencial y lo ofrecen a buen precio. Es la vidriera de Pushkar.

 

 

 

Los santones recorren el lago y el predio de la feria y llevan pequeñas latas para recibir donaciones. Se les llama sadhus o, more con cariño, babas. La vida del sadhu es difícil: Cortan los lazos familiares y se consagran a su fe, hacen peregrinaciones de una ciudad a otra hasta el final de sus días.

 

 

 

Me tomo un recreo del agobiante calor para beber un lassi fresco y descansar. Con los predios de feria abiertos, las antiguas calles de Pushkar son angostas y sinuosas. La gente va pegada y en algunas intersecciones no cabe un alfiler.

 

 

 

Luego de mirar por el balcón de mi hotel que da al lago, decido que el calor más intenso ha pasado y vuelvo a la feria para el atardecer. De camino, paro en el Pushkar Arena, donde se pueden encontrar los concursos de decoración de camellos, concursos de bigotes y otros eventos.

 

 

 

Los turistas recorren la feria en carros. Envidio este medio de transporte sombrío y tranquilo, pero siento que la visita es mejor a pie. Si no hubiese estado a pie, nunca habría desayunado con los criadores de camellos al amanecer ni habría compartido sus tradicionales pipas al atardecer.

 

 

 

El sol baja en el horizonte y los criadores comienzan a aprontar sus camellos y se dispersan por la noche. Algunos se van juntos si es que pudieron cerrar un negocio. Todos por la feria, fumando en espiral hacia el cielo anaranjado mientras se van con sus familias a cenar a las tiendas.

 

 

 

Llega el crepúsculo y cae el sol. El cielo permanece rosado un largo tiempo. Todo se siente calmo.

 

 

 

Las familias se reúnen alrededor del fuego en el acampe, por lo bajo se siente un murmullo de en hindú, punyabi y otros dialectos. El fuego crepita y silba, mientras se escapan algunas chispas al aire de la noche, que ya está frío. Detrás de esta familia, las ruedas gigantes siguen girando en la oscuridad.

 

 

 

En Pushkar nadie duerme. Los restaurantes están llenos de turistas; las calles angostas están repletas de familias hindúes comprando confituras fritas y samosas; otros van a la feria para ir a las ruedas gigantes o comprar brazaletes nuevos, saris coloridos, o alfombras adornadas tejidas a mano. Los santones y devotos hindúes cantan, bailan, tocan el tambor por los callejones. Aquí, un malabarista de un grupo de gitanos hace pruebas con fuego para turistas en las afueras de la ciudad.

 

 

 

Un camello solitario parado a la luz de la luna. Es tarde y no hay otros sonidos. Me asombra lo lejos que puedo ver. Mientras los devotos se bañan en el lago Pushkar, me recuesto a la luz de la luna.




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Kate Siobhan

Kate Siobhan es un escritora y fotógrafa residente en Vancouver, como así también colabora como editora en Matador y dirige la facultad de fotografía en MatadorU.
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