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900 millas de memorias

Dos viajeros. Dos bicicletas. Un mes en Canadá sobre el Atlántico.

900 millas de memorias

Hay un punto durante la segunda semana de andar en bicicleta cuando algo hermoso comienza a suceder.

Tu cuerpo se resigna a trabajar entre cinco y ocho horas diarias, tus músculos te siguen empujando cuando empiezan las molestias a un estado de resistencia tendinosa y cálida. Tu mente parece desacelerar y sincronizarse con la velocidad de la bicicleta para que no te aburras más por los tramos de caminos forestales llanos ni cuentes las millas hasta la próxima parada. Y has atravesado suficiente tierra para comenzar a ver el flujo natural del terreno, desde la línea costera rocosa hasta los valles con ríos y cerros con pinos y así sin parar hasta la siguiente curva en el camino.

En el verano de 2008 mi esposa y yo nos fuimos un mes a andar en bicicleta por las provincias canadienses del Atlántico Nueva Escocia, Isla del Príncipe Eduardo y Nuevo Brunswick. Cinco años después, esto es lo que queda.

Todas las fotos por Aya Padron

En sus fundamentos, el cicloturismo es una lección de autosuficiencia. Eres lo que llevas: vestimenta, carpa, comida, agua, elementos para cocinar, entretenimiento y el equipo para arreglar si algo sale mal. Peso total de la plataforma: 87 lb (39,46 kg).

 

Planificas muchísimo de antemano: la ruta básica, lugares probables para parar, lugares para reabastecerte, pero un tour en bicicleta también deja espacio para la espontaneidad. Terminando nuestro primer día de paseo, decidimos pasar de largo del lugar donde pasar la primera noche y encontramos este hostel en Cape Sable Island. La dueña nos dejó acampar en su jardín y usar las instalaciones por una \"donación\" de $20.

 

La región de las Provincias Atlánticas de Canadá tiene un bello sistema de parques provinciales. Esta era la vista de nuestro campamento en The Islands, en las afuras de Shelburne, donde desemboca el río Roseway en el puerto de Shelburne.

 

No había demasiado tráfico vehicular. Estas provincias con típicamente tienen carreteras rápidas y al costado caminos locales mucho más serenos y pintorescos. Aún así, tienes el hábito de mirar el espejo cuando sientes que se aproxima un automóvil. Realmente experimentaba el “síndrome del espejo retrovisor” cuando no estaba en mi bicicleta, miraba a mi izquierda para lograr una perspectiva trasera que no existía.

 

El momento después de armar la tienda y salir de la ducha del campamento puede ser uno de los mejores momentos del día, especialmente cuando avanzaste más rápido de lo planeado. Puedes sentir que tu cuerpo se relaja, y recargas energía para el día que te espera.

 

Pasamos un día como este en el puerto del sur, Isla del Cabo Bretón. Con 33 millas de colinas de fondo, llegamos al Hideaway Campground donde encontramos sitios para acampar, con vistas desde los riscos sobre el océano. Resulta que los dueños tenían los derechos exclusivos para recoger ostras en Aspy Inlet. Compramos una docena en la oficina del campamento.

 

Gran parte del viaje bordeamos la costa, y esto en Nueva Escocia implicaba cuestas despobladas, rocosas, que conducían a bosques de delgados pinos, con antiguas aldeas pesqueras y faros cada diez millas. Esto es Peggy's Cove, uno de los lugares más conocidos (y visitados).

 

Pero en la isla de Cabo Bretón, al noreste de Nueva Escocia, pasa algo distinto. El terreno se eleva a más de 1.500 pies (475,20 m) y se forman montañas que terminan en pronunciados acantilados en el océano. El camino que circunnavega el Parque Nacional Cape Breton Highlands es el camino Cabot y es un destino internacional para los ciclistas.

 

El camino Cabot tiene largas subidas y bajadas en toda su extensión. Al noroeste, puedes apreciar la montaña Francesa, que los excursionistas escalan en el camino Skyline. Otra distracción: alce en el camino.

 

Luego del abundante sol de la costa sur de Nueva Escocia, el cielo se cubrió de nubes en Cabo Bretón, y esto parecía combinar con el paisaje. Esta era la vista desde nuestro campamento en Englishtown, mirando al norte hacia Cabo Smokey.

 

En el viaje hacia Chéticamp, la lluvia pegaba fuerte, de frente con tanta fuerza que casi nos empujaba del camino doble mano hacia el tráfico. La dueña del alojamiento donde pasamos esa noche sabía que tenía un rol importante para los ciclistas que llegaban empapados pedaleando a su porche.

 

Parte del ritual de cada día era programar el siguiente tramo. Elegir una ruta, marcar un campamento y agregar el millaje. Aquí estamos llegando a Charlottetown.

 

Aquí esquivando (o, más bien, no esquivando) la lluvia el resto del recorrido. Si bien suena lamentable, en esta foto miramos el extraño lado positivo de pedalear bajo la lluvia. Una vez empapado, no puedes estar peor, y sabes que hiciste lo posible por impermeabilizar tu equipo, así que no queda más que disfrutar como un niño.

 

Esta imagen es un recuerdo casi perfecto de nuestro viaje por Isla del Príncipe Eduardo, apacibles colinas verdes, flores silvestres, equipo de lluvia y el movimiento del camino.

 

A veces el final de los viajes no tienen la carga emocional del comienzo. En este no. En nuestra última noche sentados alrededor del fogón en Nuevo Brunswick, reviviendo en el atlas las casi 900 millas recorridas, me sentía inmensamente agradecido. Listos para volver a casa, pero por siempre conectados a este lugar, solo un viaje a 17 mph pueden hacerlo.




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Hal Amen

Hal ha vivido en Corea del Sur, Bolivia y Argentina, y actualmente reside en Austin, TX. Es coautor de un libro de coreano para principiantes y My First Book of Korean Words.
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